En la obra de Maite Bäckman, las plantas son mucho más que motivos botánicos: se convierten en retratos íntimos y fidedignos, tratados con la misma solemnidad y precisión que un estudio del rostro humano. Hojas, flores y tallos son representados con sus arrugas, pliegues y singularidades, evidenciando no una visión idealizada de la naturaleza, sino la unicidad irrepetible de cada organismo. Su trabajo nos invita a detenernos ante lo cotidiano para reconocer lo extraordinario que habita en lo particular.

Frecuentemente descontextualizadas, estas formas vegetales aparecen insertas en entornos artificiales: plásticos, telas y superficies manufacturadas que dialogan con lo orgánico. En este cruce de materiales, la artista establece una metáfora de lo humano: las plantas no son simplemente observadas, sino habitadas como espejo emocional. A través de ellas, Bäckman articula narrativas personales y universales, construyendo una poética visual donde naturaleza y psique se entrelazan.

Dado que crece y estudia Bellas Artes en Madrid, encuentra en el Museo del Prado y en los grandes maestros del óleo una influencia estética que siempre la acompañará. El óleo, con su riqueza técnica, su capacidad para capturar matices, texturas y luz, constituye su lenguaje primario. La fotografía, por su parte, ha sido una herramienta constante en su aproximación a lo real, funcionando como umbral hacia lo visual, como ejercicio de observación aguda.

Su mirada parte siempre de un compromiso con lo verdadero: una búsqueda honesta por comprender y representar la realidad sin filtros, revelando tanto su aspereza como su belleza. La obra de Maite Bäckman es, en definitiva, una reflexión visual sobre la existencia, la fragilidad y la conexión con el entorno que habitamos.

Foto Maite Backman
Foto Maite Backman
Autorretrato. Óleo sobre tablaAutorretrato. Óleo sobre tabla
Obra "Esperanza, por compasión". Óleo sobre lienzoObra "Esperanza, por compasión". Óleo sobre lienzo
Poseída. Óleo sobre tablaPoseída. Óleo sobre tabla